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Hipólito Yrigoyen

Retrato_Yrigoyen

Fue concebido en una modesta casa en el barrio porteño de Balvanera. Fue a la escuela San José y completó sus investigaciones opcionales en la Escuela Sudamericana. Consideró la posibilidad de estudiar derecho en la Facultad de Derecho de Buenos Aires.

En su ejecución abierta fue Comisario de Balvanera en algún lugar entre 1872 y 1877, Diputado Provincial antes de la federalización de Buenos Aires, Administrador General de Sellos y Patentes y Diputado Nacional.

Desde 1880 y durante mucho tiempo mostró Historia, Instrucción Cívica y Filosofía argentinas en la Escuela Normal y entregó todas sus compensaciones a la Sociedad de Beneficencia del Hospital de Niños y del Asilo de Niños.

En cuestiones políticas, se interesó por la Revolución de 1890 que se impuso por las faltas éticas de la legislatura de Juárez Celman y con la expectativa del sufragio complementario. Al año siguiente se convirtió en un individuo de la reunión constitutiva de la Unión Cívica Radical y dirigió el Comité de la Provincia de Buenos Aires.

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En 1893 condujo otro levantamiento en Buenos Aires para pedir decisiones libres. “La fuerza, dijo en ese momento, a pesar de ser una de las mejores maneras de hacer funcionar un programa, no es la conclusión que una reunión de principios puede anhelar ni el resorte principal que puede averiguar cómo impactar la predeterminación de la nación… Sólo las reuniones que no tienen otro objetivo que el progreso aclaman a los patrocinadores que los llevan más cerca del control en detrimento de sus propias creencias”.

En 1905 necesitó desterrar a la luz de otra agitación que condujo sin progreso. Después de cinco años regateó con el Presidente Roque Sáenz Peña la autorización del cambio de nombramiento que por fin santificaba al general, el misterio y el voto requerido. El presidente le ofreció unirse a su mesa, sin embargo Irigoyen reaccionó que “lo principal que pedía era justicia y asegurar las elecciones”. En esas condiciones, Yrigoyen fue elegido Presidente de la Nación en 1916.

Aplicó entonces un enfoque de no partidismo y autonomía durante la Primera Guerra Mundial. Durante su mandato de seis años, la nación mejoró la circulación de los salarios, las 7.856 escuelas primarias que existían al inicio de su mandato llegaron a la cifra de diez mil, por cada combatiente de las Fuerzas Armadas había dos instructores. La falta de educación pasó del 20 por ciento en 1916 al 4 por ciento en 1922. En la zona de la Universidad, completó la Reforma Universitaria en 1918. En las emisiones monetarias, realizó Yacimientos Petrolíferos Fiscales y dispuso la confección del Banco de la República.

Hipólito Irigoyen realizó un segundo pedido en 1928, después de la administración de Marcelo T. de Alvear. Continuó con la nacionalización del petróleo y reforzó la posibilidad de la fraternidad entre países y la no belicosidad. En el momento en que una rebelión militar lo derrocó el 6 de septiembre de 1930, el PIB era el 50 por ciento de toda América Latina y el doble del de Brasil. Estuvo detenido sin preliminar durante quince meses en la isla Martín García. Volvió a Buenos Aires y se instaló en casa de una hermana, ya que había perdido todos sus bienes durante su vida abierta.

A propuesta de su tío, Leandro N. Alem, se inició como masón el 15 de marzo de 1882 en la Logia de la Enseñanza.

Pateó el balde el 3 de julio de 1933, ocho días antes de su 81 cumpleaños. Sus rituales de entierro conmovieron a la ciudad de Buenos Aires en vista del conocido respaldo al desfile del servicio conmemorativo. Sus restos descansan en el Cementerio de la Recoleta.