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Enrique Ernesto Febbraro

Enrique Ernesto Febbraro

En ese importante 20 de julio de 1969, un notable segundo para la humanidad como resultado de la aparición de viajeros espaciales americanos y rusos en la luna, un argentino se zambulló para componer mil cartas a cien naciones desde Lomas de Zamora.

“Experimenté la llegada a la luna como una señal de compañía de la humanidad hacia el universo y simultáneamente me revelé a mí mismo que un pueblo de compañeros sería un país de primera categoría. Eso es, el 20 de julio es el día elegido”, reveló a sus destinatarios.

Enrique Ernesto Febbraro, de Buenos Aires, pensó en ese paso inicial en la luna como un segundo excepcional tanto a nivel mundial como en términos nostálgicos y con la hipótesis de que ese increíble avance era una muestra de la compañía de la humanidad hacia el universo.

Febbraro, fue un artesano as de Argentina que pateó el balde en 2008. En esta línea, la respetada Logia Estrella del Norte y el Triángulo Domingo T. Pérez, las dos asociaciones de Jujuy, compartieron su historia.

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En 1969, todo el mundo hablaba de la llegada a la luna; desde Estados Unidos se decía que el hombre llegaría a la luna por la compañía del hombre hacia el universo. “Al oír eso, pensé que era el segundo perfecto para despachar el Día del Amigo”, dijo Febbraro.

A partir de ese segundo, se fue en una carrera de larga distancia. Se propuso enviar 1.000 cartas a 100 naciones proponiendo la creación en siete dialectos. “No del día del amigo, sino del compañero, a la luz del hecho de que un compañero es alguien de frágil criatura viviente y sangre”, aclaró el educador.

700 personas reaccionaron y el Día del Amigo se instaló rápidamente en los cien países. “Volvería a hacer lo que hice, pero hoy en día el compañerismo se ha degradado y eso es el resultado de la pérdida de cualidades que la sociedad soporta hoy en día”, dijo hace años.

Febbraro era profesor de investigación del cerebro, artista y especialista en odontología. Contempló la teoría y se desempeñó como escritor. Dos veces fue una posibilidad para el Premio Nobel de la Paz. Su padre, cuyo nombre era equivalente al suyo, fue compañero de conocidos individuos de la bohemia porteña de la época: Borges, Leopoldo Lugones, Homero Manzi y Enrique Santos Discépolo.